Algunas verdades sobre el libro (y la librería)

… a las que deberían acostumbrarse los clientes.

Ninguna librería vende los libros recién impresos.

Imagino que una vez salen de la imprenta, los libros pasan por la editorial antes de llegar a la distribuidora que los colocará en las librerías. Si se trata de una multinacional librera, puede que primero lleguen a un almacén central. Una vez en la librería, se desempaquetan, se colocan en la sección adecuada, quizá se etiquetan. La gente los hojea, se me caen al suelo mientras cargo una pila de diez para colocar más rápidamente. Alguien los compra, y quizá los devuelve tras siete días porque la persona a quien se lo regaló ya lo ha leído. Las librerías los devuelven a la distribuidora, o a la editorial, hasta que algún librero los reclama de nuevo y llegan a otra librería. Se repite la historia: los exponen, ahora en el escaparate, en la mesa, en la estantería. Quizá se amarillean un poco; desde luego, con tanta caja, tanto polvo, las tapas y sobrecubiertas blancas llegan con alguna marca de guerra. Les pasamos la goma de borrar, quizá un algodoncito con un poco de alcohol. Más manos los tocan. Se lo piensan, quizá hoy no, los dejan de nuevo en su sitio, se les caen sin querer al intentar devolverlos a su lugar. Y entonces me dicen:

—Disculpa, ¿tendrías uno nuevo?

Por favor, define nuevo.

—Sí, quizá dentro, en el almacén puedas tener alguno que esté mejor…

Otra verdad: el almacén de una librería es una zona de tránsito: los que llegan, los que se van, los que definitivamente hemos catalogado como defectuosos. Los que son para gente que compra por la web. Los pequeños excesos para ciertos momentos y eventos. Pero la librería no es como una zapatería: todo está fuera, a la vista, a tu alcance. Nada que esconder. ¿A qué os referís con “nuevo”?

Ningún producto de los que adquirís es tan “nuevo”. El camino puede ser muy largo. Pensadlo: hay cosas que compráis hechas en China, Bangladesh, la India. Tenemos la suerte de que, todavía, muchos de los libros que compramos se editan aquí, casi a la vuelta de la esquina. Quizá los de Balmes 129 bis no, cierto, la gran mayoría son de importación. Y además, ¿qué define al libro “nuevo”, la fecha de publicación, de edición? Algunas cajas pasan mínimo por tres almacenes de tránsito distintos. Algunos de los paquetes que me envían, por tres ciudades diferentes antes de llegar a nuestros dominios. Algunos libros llegan en días de lluvia y vienen de otro continente. Algunas cajas llegan accidentadas y te preguntas cómo es posible que el cartón adopte semejante forma.

—Es que tiene un bultilto aquí en la esquinita, pequeñito, y como es para un regalo…

Te doy otro, pero que “regales” la lectura obligatoria del curso de inglés es beyond cutrez. Y perdón, no debí decir eso.

—Es que si fuera para mí, no me importaría, pero como es un regalo…Está bien, estoy de acuerdo, puestos a elegir, te llevas un libro impoluto, “intacto”. Por eso me pones patas arriba la mesa de novedades y sacas el último de la pila. No importa, ya recoloco todo como estaba, no te preocupes, lo entiendo.

—Es que tienes un libro en el escaparate… Pero no lo veo por aquí.

—Es que sólo queda ése. ¡Tuyo!

(esto lo suelo decir con emoción, de verdad).

Y a veces con cierta reticencia te lo quedas. Parece que te moleste un poco llevarte el último, como si fuera el que no se ha querido llevar nadie y te tengas que conformar. Cuando podrías pensar que quizá es el único que llegó y estoy intentando darte el último empujón. Soy así, otros hacen un márketing despiadado para que consumas basura, de cualquier tipo; yo para que te lleves lo que en un primer momento ha llamado tu atención.

—¿Me podrías dar uno nuevo?

Rotundamente no. ¿Qué es nuevo? Ese libro que sostienes con ese defecto apenas imperceptible ha llegado hoy. Que sí, que la esquinita está un poco doblada. Que sé lo que sientes, porque antes de ser librera yo también miraba todos los de la pila, a ver cuál estaba mejor. Pero los zapatos y el jersey que llevas, ¿eran nuevos cuando los compraste? ¿Seguro que no se los probó nadie antes? ¿Nadie ha tocado la fruta que has comprado esta mañana en esa gran superficie? ¿Lo de fuera es lo que determina la justa valía del interior? Vale, llévate una copia impoluta de How To Be Parisian Wherever You Are. Lo vale.

En el Apocalipsis de las librerías, las últimas fortalezas serán las librerías de segunda mano. Espero no llegar a verlo. Pero cuando se cierren las imprentas, sobrevivirán los tomos usados, a no ser que las malévolas autoridades creen una brigada que daría auténtico pavor al pobre Montag.

De verdad, amados clientes, os tenéis que acostumbrar a la idea de que el libro no es “nuevo” en cuanto a “recién hecho”. Quizá, ni siquiera es un recién llegado. Fijaros en lo que estáis comprando: son ideas y palabras nuevas que añadirán nueva sintaxis a vuestra vida, a vuestro pensamiento, o no. Recuerdos nuevos de grandes escenas y paisajes foráneos. El abrir por primera vez un libro, de nuevo, una mañana cualquiera mientras os tomáis el café. Un nuevo punto de vista sobre algo que sentisteis alguna vez. Una nueva conversación con alguien que lo haya leído, o que os gustaría que lo leyera. Otra nueva decepción, cuando parecía tan atractivo. ¿Lo veis? Lo que entra por los ojos no es lo que perdurará. Un inquilino nuevo en esa biblioteca que guardáis con recelo por los motivos que sean: para crear nuevos lectores, para salvar a vuestros verdaderos objetos de culto. Una nueva compañía, una nueva amistad, un personaje nuevo al que adorar. Un nuevo discurso. Tantas cosas nuevas que producen esas trescientas páginas de papel reciclado que, de verdad, ¿tan importante os parece ese lomo arañado? Y la página arrugada… Y esa mancha en la portada… Creo que es azul de bolígrafo.

Jen

(Publicado originalmente en Quiero ser como  Maude)

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